Desde que esperábamos el barco sentíamos un poco de inquietud porque nos íbamos tres familias con 5 niños con edades que oscilaban desde los 6 años hasta los 14 a un país que tiene una cultura muy diferente a nosotros, uno de nuestros amigos ya había ido varias veces pero desde hacía 10 años no había vuelto y nos animó para que viviésemos juntos esta aventura.
Atravesar las montañas del Atlas y llegar al desierto del Sahara fue toda una odisea porque la autovía solo llega hasta Casablanca y de ahí en adelante es una carretera de doble sentido sin carril de adelantamiento, los nativos conducen como locos hacen adelantamientos que parece que se van a empotrar de frente con otro coche y si no adelantan de esa manera no llegan nunca porque los camiones que transportan mercancías entorpecen el desplazamiento, a penas pueden alcanzar los 30 km/ porque la carga es tan grande que muchas veces se quedan encajados al pasar debajo de un puente de lo alto que la colocan. Todo es para alucinar.

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